Raquetas de nieve

NievePor fin estrené mi regalo de Reyes, unas raquetas para andar por la nieve.

Este sábado tocaba observar el monte acompañada de una paciente y su marido (Maite y Javi), un montañero experimentado.

El día de antes casi anulamos la salida, pero llevábamos muchos días por no decir meses diciendo de quedar, pero entre cursos, amigos, familia y demás compromisos parecía que nunca era buen momento. El día de antes nevaba muchísimo, pero decidimos hacer lo que se pudiera. Además ir con alguien que sabe en el monte da muchísima confianza, bueno y es muy necesario en según que climatología.

Abriendo camino en la nieve

Aquí estoy yo abriendo camino en la nieve.

Que gusto da que te enseñen… Me había puesto unas raquetas prestadas en una ocasión. Y lo que parece tan sencillo de manejar a veces no lo es tanto. Mis pasos eran grandes, no separaba las piernas lo suficiente, e incluso no llevaba suelta la parte de atrás. Dos indicaciones y todo se hizo más sencillo.

Había muchísima nieve recién caída, precioso, y Javi iba abriendo camino. Me dejó probar y madre mía, casi me muero en 50 pasos (sin exagerar, je, je).

Tanto Javier como Maite tienen muy buena forma física; hacen ejercicio de continúo. Él es de las personas que me dan envidia sana, me pasa 25 años y para mí querría subir un monte como él lo hace, dice que sería muy feliz con un albergue pequeñito en la montaña.

Estuvimos solo unas 3 horas así que en esta ocasión la comida no era muy importante, ya que el desgaste no iba a ser mucho. Pero el caldo que nos tomamos a la vuelta en el refugio estaba buenísimo.

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