Hidratos de Carbono

Los hidratos de carbono, glúcidos, carbohidratos o sacáridos están formados por carbono, hidrógeno y oxígeno.

Deberían de constituir la fuente principal de energía, alrededor de un 55-60%. Actualmente en los países industrializados representa únicamente el 45-50%. Cada gramo de hidrato de carbono aporta aproximadamente 4Kcal.

Los hidratos de carbono se pueden dividir en tres grupos desde un punto de vista estrictamente nutricional:

  • Azúcares: se caracterizan por su sabor dulce. Están presentes en las frutas (fructosa), leche (lactosa), azúcar blanco (sacarosa), miel (glucosa + fructosa)…

Pueden ser sencillos (monosacáridos) glucosa, fructosa y galactosa ó complejos (disacáridos) a destacar sacarosa, maltosa y lactosa. Los complejos deben de ser transformados en sencillos para ser asimilados.

La glucosa es el más común y abundante de los monosacáridos y el principal nutriente de las células del cuerpo humano a las que llega a través de la sangre. No suele encontrarse en los alimentos en estado libre (salvo en la miel y algunas frutas) sino que suele formar parte de las cadenas de almidón o disacáridos.

  • Almidones o féculas: son los componentes fundamentales de la dieta del hombre. Están  presentes en los cereales, legumbres, patatas… Los almidones están formados por el encadenamiento de moléculas de glucosa. Para poder digerirlos es preciso someterlos a un tratamiento con calor previo a su digestión, ya que el almidón crudo no se digiere.
  • Fibras: son moléculas tan complejas y resistentes que no somos capaces de digerirlas y llegan al intestino grueso sin asimilarse. Están presentes en las verduras, frutas, frutos secos, cereales integrales y legumbres enteras.

El principal componente de la fibra que ingerimos con la dieta es la celulosa y en menor medida hemicelulosa, lignina y sustancias pépticas.

Algunos tipos de fibra retienen varias veces su peso de agua muy importante para una buena movilidad intestinal, en definitiva para evitar el estreñimiento.

Debido a que la fibra facilita el paso rápido de materiales a través del intestino, puede ser un factor en el control de diverticulitis, apendicitis, hemorroides, ciertos tipos de cáncer y quizá de arteriosclerosis, la que lleva a la enfermedad coronaria.

Las dietas de alto contenido de fibra puede contribuir a una sensación de saciedad, que puede llevar a un menor consumo de energía, y esto, a su vez, ayuda a reducir la probabilidad de obesidad.

A excepción de la fibra, el resto de los hidratos de carbono son transformados en glucosa y absorbidos por el intestino, después pasan al hígado donde son transformados en glucógeno que es una sustancia de reserva. Pero cuando se consumen glúcidos por encima de las necesidades corporales, el organismo los convierte en grasa que se deposita como tejido adiposo (graso) debajo de la piel y en otros sitios del cuerpo.

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